Los kurdos en Siria constituyen un problema crucial, ya que representan un bloque demográfico que ha enfrentado dificultades para integrarse en el Estado sirio. Esto se debe a la adopción por parte de algunas de sus facciones de un proyecto que trasciende las fronteras estatales, encarnado en el sueño de un «Gran Kurdistán».
La situación se ha complicado aún más por la tensa relación con la vecina Turquía, que amenaza con arrastrar a Siria a una confrontación militar si surge una fuerza kurda significativa en la zona al este del Éufrates. Dicha fuerza podría aprovechar la cuestión de la secesión o negociar desde una posición de fuerza, contando con el apoyo occidental disponible para explotar esta ventaja.
Históricamente, Siria y Turquía alcanzaron el «Acuerdo de Adana» en 1998 para eliminar las actividades del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Este acuerdo condujo posteriormente a la expulsión de Abdullah Öcalan de Siria y su posterior arresto por parte de Turquía.
Con las importantes transformaciones que Siria experimentó entre 2011 y 2014, las Unidades de Protección Popular (YPG), con el apoyo de las fuerzas militares estadounidenses, lograron establecer una estructura militar bajo la protección de la coalición internacional en el marco de la Operación Resolución Inherente para combatir a Daesh.
Turquía vio este acontecimiento con profunda sospecha y preocupación por su seguridad nacional, dada la magnitud de la presencia kurda en las zonas adyacentes a sus fronteras, especialmente después de que grupos kurdos publicaran un mapa de su «estado ideal», que se extiende desde el noreste de Raqqa hasta la provincia oriental de Idlib, donde la presencia kurda se siente en Afrín y Al-Bab. El gobierno de Obama había designado a las YPG (Unidades de Protección Popular) como un socio clave en Siria en la lucha contra Daesh en 2014.
Entre 2011 y 2019, Turquía propuso el proyecto de «zona segura» a lo largo de su frontera norte con Siria como pretexto para frustrar el proyecto kurdo y fortalecer su posición en el conflicto sirio. Sin embargo, esta iniciativa no obtuvo la aprobación de Estados Unidos en aquel momento. Tras el intento de golpe de Estado en Turquía en 2016 y la posterior intervención militar rusa en Siria, los tres países (Rusia, Turquía e Irán) lograron establecer una vía política paralela sobre el terreno (el proceso de Astaná) para contrarrestar la influencia estadounidense en las Naciones Unidas.
A través de este proceso, Turquía lanzó tres operaciones militares que obstaculizaron las aspiraciones kurdas. La provincia de Idlib también se convirtió en una zona de influencia turca, donde Hayaat Tahrir al-Sham se rehabilitó, lo que finalmente condujo a los importantes acontecimientos del 8 de diciembre de 2014 y a la toma de control de instituciones estatales clave. No obstante, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) y su área de influencia al este del Éufrates, bajo protección estadounidense, siguen siendo el mayor problema de Turquía.
Fuente: Centro de la Unión para la Investigación y el Desarrollo
