Los principales operadores financieros a nivel global se cuestionan hoy el privilegio exorbitante del dólar y adelantan una divisa en decadencia.
El dólar estadounidense, pilar del sistema financiero global desde la Segunda Guerra Mundial, atraviesa un momento de máxima tensión.
Los signos de erosión son visibles: su participación en las reservas globales ha caído del 71 por ciento en 1999 a aproximadamente el 58 en la actualidad, y episodios recientes de volatilidad ponen en cuestión su condición de refugio seguro en momentos de crisis.
La pregunta que resuena en los centros financieros no es si el dólar desaparecerá de la noche a la mañana, sino si su «privilegio exorbitante» -la capacidad de financiar déficits y obtener señoreaje por ser la moneda de reserva global, acuñada por el ministro francés Valéry Giscard d’Estaing en la década de 1960 – está entrando en una fase de decadencia gradual.
El concepto de «privilegio exorbitante» resultó la piedra angular del dominio del dólar. Este privilegio se basa en un equilibrio estructural: EEUU suministra al mundo activos seguros y líquidos, principalmente bonos del Tesoro, mientras que los inversores globales y los bancos centrales los absorben a una prima. El mundo acepta rendimientos más bajos a cambio de la seguridad y liquidez inigualables que ofrecen los activos en dólares, especialmente en tiempos de estrés. Este sistema permite a EEUU mantener déficits por cuenta corriente persistentes, financiando su deuda en términos excepcionalmente favorables.
Sin embargo, la dinámica está cambiando. Según el análisis de Hanno Lustig, presentado en la Cumbre de Política del Centro de Excelencia de Bancos Centrales del Sudeste Asiático (SEACEN) en febrero de 2026, los activos en dólares ya no son la apuesta segura que solían ser.
Un indicador clave de esta erosión se encuentra en los mercados: el Treasury basis -la prima que el mundo estaba dispuesto a pagar por la seguridad específica de los bonos del Tesoro- se recortó e incluso invertido en algunos segmentos de mercado, lo que sugiere que el mundo ya no está dispuesto a almacenar cantidades cada vez mayores de deuda estadounidense.
Deuda que por demás, se almacena al mismo precio ajustado por conveniencia, y por lo tanto esa confianza aparece erosionada.
Un estudio académico publicado en marzo de 2026 por Judith Arnal (Centro de Estudios de Política Europea, Real Instituto Elcano y Fedea, y Banco de España) en la revista Cogent Economics & Finance confirma esta fragilidad episódica.
Utilizando 1.356 observaciones semanales desde enero de 2000 hasta diciembre de 2025, Arnal analiza la relación entre el índice de volatilidad VIX y el dólar (medido por el índice DXY) y los bonos del Tesoro a 10 años.
Los resultados apuntan a una «fragilidad episódica» más que a un cambio de régimen abrupto: el dólar mostró un debilitamiento pronunciado a corto plazo a principios de 2025 que luego se normalizó parcialmente, mientras que los bonos del Tesoro experimentaron una interrupción más aguda pero de corta duración en febrero-marzo de 2025.
Tal caso fue seguido de un retorno a los patrones históricos de «vuelo hacia la calidad». Las conclusiones del estudio respaldan la visión de que, en las economías avanzadas, los cambios en el comportamiento de refugio seguro tienden a ser progresivos, condicionados por el estado del entorno y sensibles a las políticas, más que abruptos.
Fuente: Prensa Latina
